La senda de los diálogos perdidos es una novela de cuentos que parte del caos y culmina, en cierta manera, celebrándolo. Hay cincuenta y seis pisos: siete letras, cada una de ellas acompañada por ocho números distintos, dando origen a cincuenta y seis historias. Los personajes son seres solitarios, incomunicados, absortos. Algunos de ellos sin nombre, sólo con una letra y un número estampado en la frente, la señalización de su piso. A otros sólo los identificamos por su historia, hasta que algunas páginas más adelante aparecen con nombre y apellido, o sólo con su mote. El caso es ese, a la mayoría de los personajes de La senda… sólo se les recuerda por lo que se sabe de ellos. Aunado a esto, cada relato puede leerse por separado, aunque el libro entero narre la historia de los habitantes de un bloque de pisos. Entre tantos relatos, queda una intensa sensación de caos y, por supuesto, las historias que nacen de él y que lo sobreviven:
Crear creer: una adolescente amanece sola en la habitación de un hotel de poca monta, medio vestida, desorientada, preguntándose cómo llegó allí.
Crímenes más sazonados: un cocinero psicópata se enamora y obsesiona por una mujer hasta convertirla en su esposa, tras su abandono, la persigue hasta planificar la venganza perfecta.
Adán y Oto, siameses: unos hermanos siameses saltan a la fama y gloria nacional tras su talento en la poesía y la política.
Les canta las 30 bien guardadas: después de que arrestaran al azote del bloque, el responsable de este hecho cuenta cómo y por qué lo hizo.
La Nana: el piso de la Nana se convierte en el centro de atención de todos los medios de comunicación a nivel nacional e internacional. Miles y miles de personas esperan para entrar al cuarto de baño, todos quieren usar el inodoro milagroso.
Dos tazas de café antes del trigésimo paso: un joven que es capaz de conocer la biografía de las personas con tan solo escuchar sus pisadas.
martes, 16 de junio de 2009
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